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Agora
Rezuman las cloacas
Charito
Rojas

"A las acciones de los malvados las persigue primeramente
la sospecha, luego el rumor y la voz pública, la acusación
después y finalmente, la justicia". Cicerón (106 a.C.-
43 a.C.) jurista, político, filósofo, escritor y orador romano.
Al principio parecía un soñador, un tipo
ordinario y simpático, que tenía un pasticho ideológico
que le impedía distinguir comunismo de fascismo. Cuando ganó,
nos encomendamos a Dios, rogándole que las buenas intenciones para
con Venezuela fueran ciertas pero dudando seriamente que alguien con tan
poca preparación académica y totalmente carente de experticia
de gerencia, administración o gobierno, pudiese hacerse cargo del
país en ese período de quiebre. Período en el que vimos
saltar a Luis Herrera detrás de Irene Sáenz (políticamente
hablando, claro) mientras AD abandonaba a su líder Alfaro Ucero.
Todo el stablishment político estaba sacudido y soplaba un huracán
de cambio que benefició al Teniente Coronel, quien logró por
los votos democráticos lo que no pudo con un intento de golpe contra
un Presidente constitucionalmente electo.
Sus primeras actuaciones, acompañadas por su folklorismo
y aparente llaneza, daban más risa que pánico. Pero había
signos que debían preocupar y pocos tomaron en cuenta: su cercanía
con Fidel Castro, su odio hacia los partidos y hacia "los 40 años
del puntofijismo", su carencia total de mecanismos de negociación
para conectarse con un país que ansiaba ese empujón gubernamental,
ese orden que creía que un militar podría darle, esa honestidad
tan prometida en la campaña, esa igualdad de oportunidades que toda
democracia persigue. Hasta su vida personal, tan convulsa e inestable como
la pública, debía agitar todas las campanas de alarma.
Personalmente supe de su calidad humana, de su valía
como gobernante, de su sentido de las prioridades, en la tragedia de Vargas.
Le importó más el referéndum aprobatorio de la Constitución
que se llevaba a cabo ese día que una tragedia que dejó a
decenas de miles de muertos (nunca supimos cuántos porque el gobierno
no se ocupo de contarlos), casi doscientos mil damnificados (algunos todavía
esperando la vivienda que el gobierno les construiría en las miles
de hectáreas que donaron los "oligarcas" Vollmer y Cervini,
creyentes aún de que el Comandante gobernaría para los pobres.
Los años posteriores han demostrado que al jefe
de la revolución no le interesa el sufrimiento de este país.
Regala más de 50.000 millones de dólares a otros países
en lugar de invertirlos en un plan nacional para combatir la inseguridad,
que ha matado a más de 150.0000 venezolanos en una década.
Sin que le temblara el pito, botó al capital humano de Pdvsa para
que la rapiña robolucionaria pudiese apoderarse de la empresa. Fue
totalmente sordo, ciego e intolerante cuando gigantescas marchas tomaron
las calles de Caracas pidiendo que cambiara el rumbo de su gobierno o renunciara;
en lugar de poner atención a las peticiones de sus gobernados, ordenó
activar el Plan Avila contra ellos. Después de la masacre, culpó
a la oposición y proclamó héroes a los pistoleros de
Puente Llaguno. Meses después, el país productivo se fue a
un paro nacional como gesto final y desesperado para lograr que el Presidente,
que estaba gobernado de espaldas a la Constitución y a sus ofertas
electorales, renunciase.
Porque ya después de los sucesos de abril y de los
muertos de la Plaza Altamira, el país sabía que la sangre
no lo perturbaba. Aún así, mantuvo más de un mes el
paro, pese al grave daño que se causaba al aparato productivo, pese
a la quiebra de muchos pequeños negocios, pese al cierre de muchas
oficinas y las gigantescas pérdidas de las empresas. Pero al hombre
no se le movió una pestaña y decidió que él
era más importante que el país, ni siquiera intento negociar,
escuchar o entender lo que el país quería decirle. Ni la quiebra
del país, ni el sacrificio de vidas, ni las protestas masivas lo
sacarían de una silla que él cree perpetua.

Para poder controlar Venezuela ha rezumado* las cloacas,
sacando a flote lo más inmundo. Se ha dado cuenta que el dinero es
el aceite que afloja todas las tuercas, más aún cuando las
de la probidad, la moral y la fe están flojas. El Comandante se ha
deleitado en ofender al país académico nombrando a una abogada
dos de la PTJ Presidenta del Congreso, a un ex guerrillero Ministro, a un
ex chofer del Metro, Canciller. La intelectualidad izquierdosa que pululaba
en los cafés de Sabana Grande en los años 80 ahora se sienta
en los despachos oficiales, son Superintendentes, presidentes de Bancos,
Viceministros, pero todos siguen cantando Alí Primera y leyendo a
Cardenal. Este es el gobierno de los resentidos que jamás hubieran
logrado nada por méritos propios y por eso se montaron en el tractor
de la revolución donde hay que callar y aplaudir para ganar billete
y sobrevivir políticamente.
Pero con el fin de la bonanza petrolera, la ineptitud de
los funcionarios, desde el Comandante hasta los jefes de las misiones en
los barrios, se ha hecho patente al no poder arreglar como antes todo a
los realazos. Por supuesto que la primera reacción al no poder solucionar
problemas tan graves como el del suministro de electricidad y agua es echar
la culpa a los otros (al Niño, a los gobiernos anteriores, a los
usuarios derrochadores), pero jamás reconocerán su propia
responsabilidad en el problema. Es lógico: hay que ser varón
para asumir las responsabilidades, enfrentarlas cara a cara y darles solución.
El Comandante dijo hace una semana cuando inauguraba una pequeña
termoeléctrica (con turbinas norteamericanas compradas por el gobierno
olvidándose de la pendejada del imperio) que ellos sí sabían
lo que hacían y que sí eran capaces. Yo me pregunté
øy entonces por qué no lo hizo en los once años anteriores?
La respuesta es simplísima: porque no le interesa lo más mínimo.
Su única meta es hacer de Venezuela una segunda Cuba y heredar el
liderazgo de la vetusta izquierda latinoamericana que detenta hasta ahora
Fidel. Para ello ha utilizado todo nuestro dinero y nos ha coaccionado con
las leyes sancionadas por los desvergonzados de la Asamblea Nacional, ha
controlado las elecciones con un CNE descaradamente rojo; ha contado con
un TSJ íUh! íAh! y con todo un equipo de personajes, a cual
más oscuro y vil, actuando en contra de los ciudadanos decentes y
productivos. Por último, ha engordado a las Fuerzas Armadas que hoy
le cuidan las espaldas, igual que se las cuidaron a otros Presidentes. Estos
soldaditos de plomo, con estrellas de hojalata y soles de plastilina, amantes
de los verdes y del 18 años, Venezuela les tiene guardada una cuentita
que los periodistas con buena memoria nos encargaremos de recordar cuando
llegue el momento de la justicia.
Esta semana hemos visto la actuación de tres Presidentes:
Michele Bachelet en Chile, trepada en un helicóptero, al frente de
la emergencia; Alvaro Uribe, quien no dudó un segundo en aceptar
la decisión del Tribunal Supremo de negarle su segunda reelección;
al Presidente de Uruguay diciendo en su discurso que quería un país
"fino, inteligente y respetado en el exterior", poniendo como
ejemplo a seguir a Dinamarca y Nueva Zelanda (ø y por qué
este exguerrillero no quiere seguir el ejemplo de Cuba o de Venezuela?).Sentimos
envidia de esos Presidentes responsables, respetuosos, deseosos de dar a
sus países lo mejor. Pero muchas cosas están sucediendo en
Venezuela: reacciones internacionales por la conducta del régimen
contra los derechos humanos, en la lucha antinarcóticos, su presunta
cercanía con ETA y las FARC. Hay una gran impaciencia en los venezolanos,
azuzados por los apagones, la falta de agua, la inflación y la inseguridad.
El sonoro cacerolazo que sacó a Chávez de El Valle, zona supuestamente
chavista, el 27 de febrero en los actos de "celebración"
del Caracazo, debe ser una señal preocupante. La masa no está
para bollos y el Comandante no tiene recursos ni triquiñuelas ya
para contener la avalancha rabiosa que se le viene encima.
Con muy poco margen de operación, busca desesperadamente
los funcionarios que sea capaces de brindarle una respuesta a la disgustada
ciudadanía. Y no los encuentra: él mismo los echó del
país, se fueron por sí mismos, están en la oposición
o montan tienda aparte, como Henry Falcón. Cada vez más solo,
por primera vez se da cuenta que la revolución no lo es todo. Rezuman
las cloacas, momento terrible en que hay que dejar el asco a un lado y ponerse
a palear el detritusÖ Digo, si es que queremos algún día
tener un país limpio.
* Rezumar: Dejar pasar a través de los poros o grietas
de un sólido, gotas de algún líquido.
charito@movistar.net.ve

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